EL DESPERTAR
I.- La clausura de la brecha
No hay tiempo, lugar ni estado del que Dios esté ausente. No hay nada que temer. Es imposible que se pudiese concebir una brecha en la Plenitud de Dios. Cap.29.I.1.1:3
La transigencia que la más insignificante y diminuta de las brechas representaría en Su Amor eterno es completamente imposible. Pues ello querría decir que Su Amor puede albergar una sombra de odio, que Su bondad puede a veces trocarse en ataque y que en ocasiones Él podría perder Su infinita paciencia. Esto es lo que crees cuando percibes una brecha entre tu hermano y tú. Cap.29.I.1.4:6
Todo aquel que odia tiene miedo del amor y, por lo tanto, no puede sino tener miedo a Dios. Es indudable que no conoce el significado del amor. Cap.29.I.2.3:4
Esto es lo que inevitablemente les sucede a todos aquellos que tienen en gran estima a esta pequeña brecha, creyendo que es su salvación y esperanza. Cap.29.I.2.6
¡El temor a Dios! El mayor obstáculo que la paz tiene que salvar no ha desaparecido todavía. Cap.29.I.3.1:2
Has decidido que tu hermano es tu enemigo. Tal vez tu amigo en ocasiones, siempre que vuestros diferentes intereses permitan vuestra amistad por algún tiempo. Pero no sin dejar una aparente brecha entre vosotros, en caso de que él se vuelva a convertir en tu enemigo. Cap.29.I.3.4:6
La brecha entre vosotros no es el espacio que hay entre vuestros cuerpos, pues ese espacio tan sólo da la impresión de dividir vuestras mentes separadas. Cap.29.I.4.1:2
El cuerpo no podría separar tu mente de la mente de tu hermano a menos que quisieses que fuese la causa de vuestra separación y distanciamiento. Por consiguiente, le atribuyes un poder que no posee. Esto es lo que hace que tenga poder sobre ti. Cap.29.I.5.1:3
Sus “inherentes” debilidades establecen los límites de lo que puedes hacer y hacen que tu propósito sea débil y limitado. Cap.29.I.5.7
El cuerpo se avendrá a todo esto, si ése es tu deseo. Permitirá solamente limitados desahogos de “amor”, intercalados con intervalos de odio. Y se hará cargo de decidir cuándo puede “amar” y cuando se debe refugiar en el miedo para mantenerse a salvo. Enfermará porque tú no sabes lo que es amar. Cap.29.I.6.1:4
El amor no exige sacrificios. Pero el miedo exige el sacrificio del amor, pues no puede subsistir en su presencia. Cap.29.I.7.1:2
Cuando la brecha desaparece, no obstante, lo único que se experimenta es paz eterna. Cap.29.I.9.1
II.-La llegada del invitado
¿Por qué no habrías de aclamar a la verdad en vez de considerarla un enemigo? ¿Por qué razón te parece arduo, escabroso y demasiado difícil de seguir una senda que es fácil y que está tan claramente marcada que es imposible perderse?. Cap.29.II.1.2:3
Mientras no te des cuenta de que no renuncias a nada y de que es imposible perder, habrá veces en que te arrepentirás de haber elegido este camino. Y no verás los muchos beneficios que tu decisión te ha aportado. No obstante, aunque tú no lo veas, están ahí. Cap.29.II.1.5:7
El milagro no es un incidente aislado que ocurre de repente como si se tratase de un efecto sin causa. Ni tampoco es en sí causa. Pero allí donde está su causa, allí tiene que estar el milagro. Cap.29.II.2.3:5
Mira dentro de ti ahora, y no verás motivo alguno para estar arrepentido, sino razones para sentir un gran regocijo y para abrigar esperanza y paz. Cap.29.II.2.8
El dolor ya no es tu amigo ni la culpabilidad tu dios. Por lo tanto, dale la bienvenida a los efectos del amor. Cap.29.II.3.7:7a
Tu invitado ha llegado. Tú lo invitaste y Él vino. No lo oíste entrar porque la bienvenida que le diste no fue total. Sus dones, no obstante, llegaron con Él. Él lo ha depositado a tus pies, y ahora te pide que los contemples y los consideres tuyos. El necesita tu ayuda para dárselos a todos los que caminan por su cuenta, creyendo estar solos y separados. Cap.29.II.4.1:6
No puedes ver a tu invitado, pero puedes ver los dones que trajo. Y cuando los contemples, aceptarás que Él debe estar ahí. Pues lo que ahora puedes hacer no podrías haberlo hecho sin el amor y la gracia que emanan de Su Presencia. Cap.29.I.5.6:8
III.-Los testigos de Dios
No condenes a tu salvador porque él crea ser un cuerpo. Pues más allá de sus sueños se encuentra su realidad. Pero antes de que él pueda recordar lo que es, tiene que aprender que es un salvador. Y tiene que salvar a todo aquel que quiera ser salvado. Su felicidad depende de que te salve a ti. Cap.29.III.1.1:5
No niegues Su testigo en el sueño que Su Hijo prefiere a su propia realidad. Su Hijo tiene que ser el salvador del sueño al que dio lugar para poder así liberarse de él. Cap.29.III.2.5:6
Tú no puedes despertarte a ti mismo. No obstante, puedes permitir que se te despierte. Puedes pasar por alto los sueños de tu hermano. Puedes perdonarle sus ilusiones tan perfectamente, que él se convierte en el que te salva de tus sueños. Cap.29.III.3.2:5
La obscuridad no puede decidir que el cuerpo siga presente. La llegada de la luz supone su desaparición. Verás entonces a tu hermano en la gloria, y entenderás qué es lo que realmente llena la brecha que por tanto tiempo pensaste que os mantenía separados. Ahí, en lugar de ella, el testigo de Dios ha trazado el dulce camino de la bondad para que el Hijo de Dios lo recorra. A todo aquel que perdonas se le concede el poder de perdonarte a ti tus ilusiones. Mediante tu regalo de libertad te liberas tú. Cap.29.III.3.8:13
Hazte a un lado y deja pasar al amor, el cual tú no creaste, pero sí puedes extender. En la tierra eso quiere decir perdonar a tu hermano, para que las tinieblas desaparezcan de tu mente. Cap.29.III.4.1:2
¡Cuán santo debes ser tú para que el Hijo de Dios pueda ser tu salvador en medio de sueños de desolación y de desastres! Cap.29.III.5.1
Y ahora la luz en ti tiene que ser tan brillante como la que refulge en él. Ésta es la chispa que brilla en el sueño: que tú puedes ayudarle a despertar, y estar seguro de que sus ojos despiertos se posaran sobre ti. Y con su feliz salvación, te salvas tú. Cap.29.III.5.5:7
IV.- Los diferentes papeles del sueño
Las ilusiones son sueños precisamente porque no son verdad. Cap.29.IV.1.2
La elección no es entre qué sueños conservar, sino sólo si quieres vivir en sueños o despertar de ellos. Cap.29.IV.1.5
No puedes quedarte en algunos sueños y despertar de otros, pues o bien estás dormido o bien despierto. Y soñar tiene que ver únicamente con una de estas dos posibilidades. Cap.29.IV.1.7:8
El miedo se ve adentro o afuera, o en ambos sitios. O puede estar oculto tras formas agradables. Pero nunca está ausente del sueño, pues el miedo es el elemento básico de todos los sueños. Cap.29.IV.2.3:5
La depresión o el ataque no pueden sino ser los temas de todos los sueños, pues el miedo es el elemento de que se componen. Cap.29.IV.3.3
La médula de los sueños que ofrece el Espíritu Santo no es nunca una médula de terror. Cap.29.IV.5.3
V.-La morada inmutable
Hay un lugar en ti en el que este mundo en su totalidad ha sido olvidado, y en el que no quedan memorias de pecado ni ilusiones. Hay un lugar en ti donde el tiempo ha desaparecido y donde se oyen ecos de la eternidad. Hay un lugar de descanso donde el silencio es tan absoluto que no se oye ningún sonido, excepto un himno que se eleva hasta el Cielo para brindar jubilo a Dios el Padre y al Hijo. Allí donde Ambos moran, allí Ambos son recordados. Y allí donde Ambos están, allí se encuentran el Cielo y la paz. Cap.29.V.1.1:5
No creas que puedes cambiar el lugar donde Ellos moran. Pues tu Identidad reside en Ellos, y allí donde Ellos están, allí tienes que estar tú para siempre. La inmutabilidad del Cielo se encuentra tan profundamente dentro de ti, que todas las cosas de este mundo no hacen sino pasar de largo, sin notarse ni verse. Cap.29.V.2.1:3
He aquí el papel que el Espíritu Santo te asigna a ti que sirves al Hijo de Dios y que quieres contemplar su despertar y regocijarte. Él forma parte de ti y tú de él porque es el Hijo de su Padre, y no por ningún otro propósito que tú puedas ver en él. Lo único que se te pide es que aceptes lo inmutable y lo eterno en él, pues tu Identidad reside allí. Solo en él puedes encontrar la paz que mora en ti. Cap.29.V.3.1:4
Éste sagrado Hijo de Dios es como tú: el reflejo del Amor de su Padre por ti, el tierno recordatorio del Amor de su Padre mediante el que fue creado, el cual todavía mora en él al igual que en ti. Permanece muy quedo y escucha la Voz de Dios en él, y deja que esa Voz te diga cuál es su función. Cap.29.V.4.1:2
El único regalo que el Padre te pide es que no veas en la creación más que la esplendorosa gloria del regalo que Él te hizo. Cap.29.V.5.1
Si conocieses el glorioso objetivo que se halla más allá del perdón, no te aferrarías a ningún pensamiento, por leve que parezca ser su roce con la maldad. Cap.29.V.6.1
Se te ofrece un sueño en el que tu hermano es tu salvador, no tu enemigo acérrimo. Se te ofrece un sueño en el que lo has perdonado por todos sus sueños de muerte: un sueño de esperanza que compartes con él, en vez de los sueños de odio y maldad que sueñas por tu cuenta. Cap.29.V.7.1:2
Los sueños de perdón son medios para dejar de soñar con un mundo externo a ti. Y conducen finalmente más allá de todo sueño a la paz de la vida eterna. Cap.29.V.8.5:6
- Los versículos compartidos, son meramente indicativos al tema de cada párrafo del Capítulo, solo la lectura completa del libro de Un Curso de Milagros, te dará una mejor comprensión. Te invito a escuchar el audiolibro.
One thought on “Capitulo 29-UCDM-Libro de Texto 1ra Parte”