DIOS O EL EGO
Introducción:
El problema de autoridad sigue siendo la única fuente de conflicto porque el ego se originó como consecuencia del deseo del Hijo de Dios de ser el padre de Su Padre. El ego, por lo tanto, no es más que un sistema ilusorio en el que tú concebiste a tu propio padre. 2.3:4
Tú fabricas mediante la proyección, mas Dios crea mediante la extensión. Tú eres la piedra angular de la creación de Dios, pues Su sistema de pensamiento es la luz. Recuerda que los Rayos están ahí sin ser visto. Cuanto más te aproximas al centro de Su sistema de pensamiento, más clara se hace la luz. Cuando te aproximas al sistema de pensamiento del ego, más tenebroso y sombrío se vuelve el camino. 3.1:5
I. Los regalos de la paternidad
Las leyes de lo del universo no admiten contradicciones. Lo que es válido para Dios es válido para ti. Si no crees que estás en Dios, tampoco creerás que Él está en ti. Lo infinito no tiene sentido sin ti, y tú no tienes sentido sin Dios. Dios y su Hijo no pueden tener fin, pues nosotros somos el universo. Dios no está incompleto y sin Hijos. Puesto que su voluntad no fue estar solo, creó un Hijo como Él. No le niegues Su Hijo, pues tu renuencia a aceptar Su Paternidad te han negado a ti la tuya. Cap.11.I.5.1:8
Dios te ha dado un lugar en Su Mente que es tuyo para siempre. Pero sólo puedes conservarlo si lo das de la misma manera en que se te dio. ¿Cómo ibas a poder estar solo allí cuando se te dio porque Dios no dispuso estar solo?. No es posible reducir la Mente de Dios. Tan sólo se puede expandir, pues todo lo que Él crea tiene la función de crear. El amor no limita, y lo que crea no está limitado. Dar sin límites es lo que Dios ha dispuesto para ti porque eso es lo único que puede brindarte Su dicha, la cual es Su Voluntad compartir contigo. Tu amor es tan ilimitado como el Suyo porque es el Suyo. Cap.11.I.6.1:8
Se te pide que confíes en el Espíritu Santo únicamente porque Él habla por ti. Él es la Voz que habla por Dios, pero nunca olvides que Dios no dispuso estar solo. El comparte su voluntad contigo, no te la impone. Cap.11.I.11.1:3
II. La invitación a curar
Si la enfermedad es separación, la decisión de curar y de ser curado es, por lo tanto, el primer paso en el proceso de reconocer lo que verdaderamente quieres. Todo ataque te aleja de esto, y todo pensamiento curativo te lo acerca. Cap.11.II.1.1:2
Curar, por lo tanto, se convierte en una lección de entendimiento, y cuando más prácticas mejor maestro y alumno te vuelves. Cap.11.II.2.1
Únicamente puedes curarte a ti mismo porque únicamente el Hijo de Dios tiene necesidad de curación. Tienes necesidad de ella porque no te entiendes a ti mismo, y por lo tanto, no sabes lo que haces. Puesto que te has olvidado de lo que es tu voluntad, no sabes lo que realmente quieres. Cap.11.II.3.5:7
La curación es señal de que quieres reinstaurar la plenitud. Y el hecho de que estés dispuesto a ello es lo que te permite oír la Voz del Espíritu Santo, Cuyo mensaje es la plenitud. Él te capacitara para que vayas mucho más allá de la curación que lograrías por tu cuenta, pues a tu pequeña dosis de buena voluntad para reinstaurar la plenitud Él sumara toda Su Voluntad, haciendo así que la tuya sea plena. Cap.11.II.4.1:3
III. De las tinieblas a la luz
Cuando te sientas abrumado, recuerda que te has hecho daño a ti mismo. Cap.11.III.1.1
Si no te hicieras daño a ti mismo no podrías sufrir en absoluto pues ésa no es la Voluntad de Dios para su Hijo. El dolor es algo ajeno a Él, ya que Él no sabe de ataques, y Su paz te rodea silenciosamente. Dios permanece en perfecta quietud, ya que en Él no hay conflicto alguno. El conflicto es la raíz de todos los males, pues al ser ciego no ve a quien ataca. Siempre ataca, no obstante, al Hijo de Dios, y el Hijo de Dios eres tú. Cap.11.III.1.4:8
Cuando venga la luz y hayas dicho: “La Voluntad de Dios es la mía”, verás una belleza tal que sabrás que no procede de ti. Como resultado de tu gozo crearás belleza en Su Nombre, pues tu gozo es tan incontenible como el Suyo. Cap.11.III.3.3:4
Los compañeros siniestros y el camino tenebroso, no son más que ilusiones. Vuélvete hacia la luz, pues la pequeña chispa que se encuentra en ti es parte de una Luz tan esplendida que te puede liberar para siempre de las tinieblas. Pues tu Padre es tu Creador y tú eres como Él. Cap.11.III.5.5:7
IV. La herencia del Hijo de Dios
Nunca olvides que la Filiación es tu salvación, pues la Filiación es tu Ser. Al ser la creación de Dios, es tuya, y al pertenecerte a ti, es Suya. Tu Ser no necesita salvación, pero tu mente necesita aprender lo que es la salvación. No se te salva de nada, sino que se te salva para la gloria. La gloria es tu herencia, que tu Creador te dio para que la extendieras. Cap.11.IV.1.1:5
V. La “dinámica” del ego
Comencemos esta lección acerca de la “dinámica del ego” dándonos cuenta de que la expresión en si no significa nada. Dicha expresión encierra una contradicción intrínseca que la priva de todo sentido. “Dinámica” implica el poder para hacer algo, y toda la falacia de la separación radica en la creencia de que el ego tiene el poder de hacer algo. Tienes miedo del ego porque crees eso. No obstante, la verdad es muy simple: Todo poder es de Dios. Lo que no procede de Él no tiene poder de hacer nada. Cap.11.V.3.1:7
Cuando observamos al ego, por lo tanto, no estamos examinando ninguna dinámica, sino tan solo ilusiones. Cap.11.V.4.1
El objetivo del ego es claramente alcanzar su propia autonomía. Desde un principio, pues, su propósito es estar separado, ser auto-suficiente e independiente de cualquier poder que no sea el suyo propio. Por eso es por lo que es el símbolo de la separación. Cap.11.V.4.4:6
Debes reconocer que lo que menos quiere el ego es que te des cuenta de que le tienes miedo. Pues si el ego pudiese producir miedo, menoscabaría tu independencia y debilitaría tu poder. Sin embargo, su único argumento para que le seas leal es que él puede darte poder. Si no fuera por esta creencia no le escucharías en absoluto. Cap.11.V.8.1:4
Solamente aprendiendo lo que es el miedo puedes por fin aprender a distinguir lo posible de lo imposible y lo falso de lo verdadero. De acuerdo con las enseñanzas del ego, su objetivo se puede lograr, pero el propósito de Dios no. Cap.11.V.11.2:3
El ego analiza, el Espíritu Santo acepta. Solo por medio de la aceptación se puede llegar a apreciar la plenitud, pues analizar significa fragmentar o separar. Cap.11.V.13.1:2
Todo lo que percibes da testimonio del sistema de pensamiento que quieres que sea verdadero. Cap.11.V.18.3
VI. El despertar de la redención
Es imposible no creer en lo que ves, pero es igualmente imposible ver lo que no crees. La percepción se construye sobre la base de la experiencia, y la experiencia conduce a las creencias. La percepción no se estabiliza hasta que las creencias se cimientan. Cap.11.VI.1.1:3
La resurrección es el triunfo definitivo de Cristo sobre el ego, no atacándolo sino trascendiéndolo. Pues Cristo ciertamente se eleva por encima del ego y de todas sus “obras”, y asciende hasta el Padre y Su Reino. Cap.11.VI.1.6:7
No enseñes que mi muerte fue en vano. Enseña, más bien, que no morí, demostrando que vivo en ti. Pues poner fin a la crucifixión del Hijo de Dios es la tarea de la redención, en la cual todo el mundo juega un papel igualmente importante. Dios no juzga a Su inocente Hijo. Habiéndose dado a Si Mismo a él, ¿Cómo iba a poder juzgarlo? Cap.11.VI.7.3:7
El sueño de la crucifixión aun descansa pesadamente sobre tus ojos, pero lo que ves en sueños no es la realidad, mientras sigas percibiendo al Hijo de Dios como crucificado, es que estas dormido. Y mientras creas que puedes crucificarle estarás simplemente teniendo pesadillas. Cap.11.VI.8.4:6
No pongas límites a lo que crees que puedo hacer a través de ti, o no aceptarás lo que puedo hacer por ti. Esto, no obstante, ya ha tenido lugar, y a menos que des todo lo que has recibido, no sabrás que tu redentor vive y has despertado con él. La redención se reconoce únicamente compartiéndola. Cap.11.VI.9.4:6
VII. La condición de la realidad
El mundo que tú percibes no pudo haber sido creado por el Padre, pues el mundo no es tal como tú lo ves. Dios creo únicamente lo eterno, y todo lo que tú ves es perecedero. Por lo tanto, tiene que haber otro mundo que no estás viendo. Cap.11.VII.1.1:3
El mundo real ciertamente se puede percibir. Lo único que ello requiere es que estés dispuesto a no percibir nada más. Cap.11.VII.2.6:7
De todo lo que has fabricado, el mundo real es lo único que el Espíritu Santo ha conservado para ti, y la salvación consiste en percibir únicamente eso, ya que es el reconocimiento de que la realidad es únicamente lo que es verdad. Cap.11.VII.4.9
VIII. El problema y la respuesta
Este curso es muy simple. Quizás pienses que no necesitas un curso que, en última instancia, enseña que solo la realidad es verdad. Cap.11.VIII.11.1:2
Solamente tú puedes privarte a ti mismo de la verdad. Dios, no obstante, no te negará la Respuesta que Él te dio. Pide, pues, lo que es tuyo, lo cual no es obra tuya, y no te defiendas contra la verdad. Tú ocasionaste el problema que Dios ha resuelto. Por lo tanto, hazte únicamente esta simple pregunta: ¿Deseo el problema o la solución?. Decídete por la solución y la tendrás, pues la verás como es y, que ya dispones de ella. Cap.11.VIII.4.1:7
El Espíritu Santo dará la respuesta para cada problema específico mientras creas que los problemas son específicos. Su respuesta es a la vez una y muchas mientras sigas creyendo que el que es Uno es muchos. Cap.11.VIII.5.5:6
Nada que proceda de Dios puede esclavizar a Su Hijo, a quien Él creó libre y cuya libertad está al amparo de Su Ser. Bienaventurado tú que estás dispuesto a pedirle la verdad a Dios sin miedo, pues solo así podrás aprender que Su respuesta es la liberación del miedo. Cap.11.VIII.7.6:7
- Los versículos compartidos en todos los capítulos, son a modo indicativo de cada tema, solo la lectura del texto completa te dará una mejor comprensión.
Capitulo 10-UCDM-Libro de Texto