LA VISION FINAL
V.- El concepto del yo frente al verdadero Ser
El propósito de las enseñanzas del mundo es que cada individuo forje un concepto de sí mismo. Éste es su propósito: que vengas sin un yo, y que fabriques uno a medida que creces. Y cuando hayas alcanzado la “madurez”, lo habrás perfeccionado, para así poderte enfrentar al mundo en igualdad de condiciones perfectamente adaptado a sus exigencias. Cap.31.V.1.5:7
El concepto de ti mismo que el mundo te enseña no es lo que aparenta ser, pues se concibió para que tuvieras dos propósitos, de los cuales la mente sólo puede reconocer uno. El primero presenta la cara de la inocencia, el aspecto con el que se actúa. Cap.31.V.2.4:5
Detrás de la cara de la inocencia se encuentra una lección, para enseñar la cual se concibió el concepto del yo. Cap.31.V.5.1
Esto es lo que la lección enseña. “Yo soy la cosa que tú has hecho de mí, y al contemplarme, quedas condenado por causa de lo que soy”. El mundo sonríe con aprobación ante este concepto de ti mismo, pues garantiza que los senderos del mundo se mantengan a salvo y que los que caminan por ellos no puedan escapar. Cap.31.V.3:4
No se te puede culpar por lo que eres, ni tampoco puedes cambiar lo que ello te obliga a hacer. Tu hermano es para ti, pues, el símbolo de tus propios pecados, y lo condenas silenciosamente, aunque con tenaz insistencia, por esa cosa odiosa que eres. Cap.31.V.6.7:8
Los conceptos se aprenden. No son naturales, ni existen aparte del aprendizaje. No son algo que se te haya dado, de modo que tiene que haberse forjado. Ninguno de ellos es verdad, y muchos son el producto de imaginaciones febriles, que arden llenas de odio y de distorsiones nacidas del miedo. Cap.31.V.7.1:5
Los conceptos mantienen vigente el mundo. Mas no se pueden usar para demostrar que el mundo es real. Cap.31.V.7.7:8
La idea de un concepto del yo no tiene sentido, pues nadie aquí sabe cuál es el propósito del tal concepto, y, por lo tanto, no puede ni imaginarse lo que es. Cap.31.V.8.1
Ahora el Espíritu Santo tiene que encontrar un modo de ayudarte a comprender que el concepto de ti mismo que has forjado tiene que ser des-hecho si es que has de gozar de paz interior. Y no se puede desaprender, excepto por medio de lecciones cuyo objetivo sea enseñarte que tú eres otra cosa, pues de lo contrario, se te estaría pidiendo que intercambiases lo que ahora crees por la pérdida total de tu ser, lo cual te infundiría aún mayor terror. Cap.31.V.8.3:5
Por tal razón, las lecciones del Espíritu Santo están diseñadas de manera que cada paso sea fácil, y aunque a veces puede producirse cierta incomodidad y angustia, ello no afecta lo que se ha aprendido, sino que constituye una re-interpretación de lo que parecen ser las pruebas a su favor. Cap.31.V.9.1
Tu concepto del mundo depende del concepto que tienes de ti mismo. Cap.31.V.11.3
Hay alternativas con respecto a eso que crees ser. Podrías, por ejemplo, ser lo que has elegido que tu hermano sea. Esto ubica al concepto del yo más allá de una condición de ser algo completamente pasivo, por lo menos, allana el camino para que se pueda tomar una decisión consciente, y para reconocer –aunque sea parcialmente- que tuvo que haber tenido lugar alguna interacción. Se entiende en parte que tú elegiste por los dos, y que lo que él representa tiene el significado que tú le diste. Cap.31.V.12.1:4
El concepto del yo ha sido siempre la gran preocupación del mundo. Y cada individuo cree que tiene que encontrar la solución al enigma de lo que él es. La salvación se puede considerar como el escape a todos los conceptos. Cap.31.V.14.1:3
No busques tu Ser en símbolos. No hay concepto que pueda representar lo que eres. Cap.31.V.15.1
El concepto del yo abarca todo lo que contemplas, y nada está excluido de esa percepción. Si algo te puede herir, lo que estás viendo es una representación de tus deseos secretos. Eso es todo. Cap.31.V.15.7:9
Allí donde todos los conceptos del yo han sido abandonados, la verdad se revela tal como es. Cuando todo concepto haya sido cuestionado y puesto en tela de juicio, y se haya reconocido que está basado en suposiciones que se desvanecerían ante la luz, la verdad quedará entonces libre de entrar a su santuario, limpio despejado ahora sin culpa. Cap.31.V.17.4:5
No hay afirmación que el mundo tema oír más que ésta: No sé lo que soy, por lo tanto, no sé lo que estoy haciendo, dónde me encuentro, ni cómo considerar al mundo o a mí mismo. Sin embargo, con esta lección nace la salvación. Cap.31.V.17.6:8
VI.- El reconocimiento del espíritu
O bien ves la carne o bien reconoces el espíritu. En esto no hay términos medios. Sí uno de ellos es real, el otro no puede sino ser falso, pues lo que es real niega a su opuesto. Cap.31.VI.1.1:3
Si eliges ser carne jamás podrás escaparte del cuerpo al verlo como tu realidad, pues tu decisión reflejará que eso es lo que quieres. Cap.31.VI.1.7
Pero si eliges el espíritu, el Cielo mismo se inclinará para tocar tus ojos y bendecir tu santa visión a fin de que no veas más el mundo de la carne, salvo para sanar, consolar y bendecir. Cap.31.VI.1.8
La salvación es deshacer. Si eliges ver el cuerpo, ves un mundo de separación, de cosas inconexas y de sucesos que no tienen sentido. Alguien aparece y luego desaparece al morir; otro es condenado al sufrimiento y a la perdida. Cap.31.VI.2.1:3
La salvación es el proceso que deshace todo esto. Cap.31.VI.2.6
Tu mundo es lo que la salvación habrá de deshacer, permitiéndote así ver otro que tus ojos jamás habrían podido encontrar. Cap.31.VI.3.4
Se te han proporcionado los medios para que puedas ver el mundo que reemplazará al que tú inventaste. ¡Hágase tu voluntad! Cap.31.VI.4.2:3
Pues Dios Mismo ha dicho: “Hágase tu voluntad”. Y, consecuentemente, se hace. Cap.31.VI.4.7
Erradicar la verdad es imposible. Pero cambiar de conceptos no es difícil. Una sola visión que se vea claramente y que no se ajuste a la imagen que antes se percibía, hará que el mundo sea diferente para aquellos ojos que hayan aprendido a ver porque el concepto del yo habrá cambiado. Cap.31.VI.5.2:4
Lo que la Voluntad de tu Padre ha dispuesto para ti jamás ha de cambiar. Cap.31.VI.7.3
VII.- La visión del salvador
Aprender significa cambiar.Cap.31.VII.1.1
Mientras perdure la percepción habrá necesidad de conceptos, y la tarea de la salvación es cambiarlos. Cap.31.VII.1.3
Mientras le atribuyas valor al ataque no podrás ver tus “malos” pensamientos. Cap.31.VII.2.1
No puedes concederte a ti mismo tu inocencia, pues estás demasiado confundido con respecto a quien eres. Mas sólo con que considerases a un solo hermano como completamente digno de perdón, tu concepto de ti mismo cambiaría por completo. Cap.31.VII.2.4:5
Ten fe en aquel que camina a tu lado, para que tu temeroso concepto de ti mismo pueda cambiar. Y contempla lo bueno en él, para que tus “malos” pensamientos no te asusten al no poder nublar la manera en que lo ves. Y lo único que se requiere es que estés dispuesto a que este feliz cambio tenga lugar. No se te pide nada más. Cap.31.VII.5.1:4
El concepto del yo se alza como escudo, como una silenciosa barricada contra la verdad, y la oculta de tu vista. Todas las cosas que ves son imagines, porque las contemplas a través de una barrera que te empaña la vista y deforma tu visión, de manera que no puedes ver nada con claridad. La luz está ausente de todo lo que ves. Cap.31.VII.7.1:3
Y lo que ves es el infierno, pues eso es lo que es el miedo. Mas todo lo que se te da es para tu liberación; y la vista, la visión y el Guía interno te sacarán del infierno junto con aquellos que amas a tu lado, y al universo junto con ellos. Cap.31.VII.7.6:7
El Señor del Amor y de la Vida le ha encomendado a cada aspecto de la verdadera creación que salve a todo el mundo de la aflicción del infierno. Y a cada uno Él le ha concedido la gracia de ser el salvador de los santos hermanos que especialmente se le confiaron. Y esto es lo que él aprende cuando primero ve a otro tal como se ve a sí mismo y contempla su propio reflejo en él. Cap.31.VII.8.2:4
Y en esta única visión él ve la faz de Cristo y se da cuenta de que contempla a todo el mundo según contempla a este hermano. Pues ahora hay luz donde antes había oscuridad, y el velo que cubría su vista ha sido descorrido. Cap.31.VII.8.6
Esta es la visión del salvador: él ve su inocencia en todos los que contempla, y su propia salvación en todas partes. No tiene un concepto de sí mismo que se interponga entre tus ojos despejados y serenos y lo que ve. De este modo, lleva la luz a todo lo que contempla para así ver como realmente es. Cap.31.VII.11.5:7
Así como la visión del salvador está desprovista de cualquier juicio acerca de ti, del mismo modo es inocente con respecto a lo que tu hermano es. No ve el pasado de nadie. Cap.31.VII.13.1:2
No puede juzgar porque no ve nada. Cap.31.VII.13.4
Examina lo que es la tentación y reconoce cuáles son las verdaderas alternativas entre lo que eliges. Pues sólo hay dos. No te dejes engañar por el hecho de que aparentan ser muchas. Las alternativas son el infierno o el Cielo, y de éstas, sólo puedes elegir una. Cap.31.VII.14.6:9
VIII.- Elige de nuevo
La lección que la tentación siempre quiere enseñar, en cualquier forma en que se presente e independientemente de donde ocurra, es esta: quiere persuadir al Hijo de Dios de que él es un cuerpo, nacido dentro de lo que no puede sino morir, incapaz de librarse de su flaqueza y condenado a lo que el cuerpo le ordene sentir. El cuerpo fija límites de lo que el Hijo de Dios puede hacer. Cap.31.VIII.1.1:2
¿Querrías seguir siendo eso, si Cristo se te apareciese en toda Su gloria, pidiéndote solamente esto?: Elige de nuevo si quieres ocupar el lugar que te corresponde entre los salvadores del mundo, o si prefieres quedarte en el infierno y mantener a tus hermanos allí. Él ha venido, y esto es lo que te está pidiendo. Cap.31.VIII.1.4:6
Siempre eliges entre tu debilidad y la fortaleza de Cristo en ti. Y lo que eliges es lo que crees que es real. Cap.31.VIII.2.3:4
Las pruebas por las que pasas no son más que lecciones que aún no has aprendido que vuelven a presentarse de nuevo a fin de que donde antes hiciste una elección errónea, puedas ahora hacer una mejor y escaparte así del dolor que te ocasionó lo que elegiste previamente. Cap.31.VIII.3.1
Su santidad es la tuya porque Él es el único Poder que es real en ti. Su fortaleza es la tuya porque Él es el Ser que Dios creó como Su único Hijo. Cap.31.VIII.3.6:7
Las imágenes que fabricas no pueden prevalecer contra lo que Dios Mismo quiere que seas. Por lo tanto, jamás tengas miedo de la tentación, sino reconócela como lo que es: una oportunidad más para elegir de nuevo, y dejar que la fortaleza de Cristo impere en toda circunstancia y lugar donde antes habías erigido una imagen de ti mismo. Cap.31.VIII.4.1:2
Aprende, pues, el feliz hábito de responder a toda tentación de percibirte a ti mismo débil y afligido con estas palabras: Soy tal como Dios me creó. Su Hijo no puede sufrir. Y yo soy Su Hijo. Cap.31.VIII.5.1:4
Tú eres tal como Dios te creo, al igual como también lo que es toda cosa viviente que contemplas, independientemente de las imágenes que veas. Lo que percibes como enfermedad, dolor, debilidad, sufrimiento, y perdida, no es sino la tentación de percibirte a ti mismo indefenso y en el infierno. Cap.31.VIII.6.1:2
Elige de nuevo lo que quieres que él sea, recordando que toda elección que hagas establecerá tu propia identidad tal como la has de ver y como creerás que es. Cap.31.VIII.6.5
No me niegues el pequeño regalo que te pido, cuando a cambio de ello pongo a tus pies la paz de Dios y el poder para llevar esa paz a todos los que deambulan por el mundo solos, inseguros y presos del miedo. Pues se te ha concedido poder unirte a cada uno de ellos, y, a través del Cristo en ti, apartar el velo de sus ojos y dejar que contemplen al Cristo en sí mismos. Cap.31.VIII.7.1:2
¡Alegrémonos de poder caminar por el mundo y de tener tantas oportunidades de percibir nuevas situaciones donde el regalo de Dios se puede reconocer otra vez como nuestro! Cap.31.VIII.9.1
- Los versículos compartidos, son meramente indicativos al tema de cada párrafo del Capítulo, solo la lectura completa del libro de Un Curso de Milagros, te dará una mejor comprensión. Te invito a escuchar el audiolibro.